ORACIONES DEL CRISTIANISMO MÍSTICO

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viernes, 8 de junio de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO, EL DHARMA Y LA ESCATOLOGÍA ESOTÉRICA


¿Cuál es mi Dharma o Propósito de la Vida? Utilizando conceptos básicos de la teoría de las organizaciones para explicar su esencia, dicho Dharma se compone de dos elementos primordiales: Una Misión, que consiste en la trascendencia de mi personalidad egoísta o de mi cuaternario inferior (así es como le llaman los esoteristas a la personalidad humana, la parte externa, cambiante, transitoria, que nace y muere), para así concretizar la Visión, la cual consiste en la unión con el Ser Supremo a través de mi Triada Superior (conformada por la mente superior inegoísta, el cuerpo intuicional y la Voluntad Pura) en un estadio existencial de plenitud.

Para hacer realidad mi Dharma, requiero de una Planificación Estratégica de carácter espiritual. Los principios filosóficos y de sabiduría antigua que sustentarán dicha planificación y que guiarán todos mis esfuerzos y acciones en procura del objetivo supremo -la Unión Divina- son los siguientes:

En primer lugar, como fundamento primordial, la ÉTICA UNIVERSAL ATEMPORAL PERENNE y sus valores, tal y como los enumera la Red de Ética Universal en su sitio web www.eticauniversal.net. Dichos valores son:­­­ Amor a la verdad y al conocimiento; la honestidad y la integridad personal; bondad y amor: la sensibilidad hacia la belleza; el respeto por el medio ambiente y la vida en general; sentido de la vida y transcendencia espiritual; sentido de la justicia asentado en un gran humanismo; responsabilidad y sentido del deber; fraternidad universal; tolerancia activa; compromiso social. 
La ética universal atemporal es el cuerpo mayor y principal alrededor del cual giran los demás cuerpos o elementos que interactúan con el mismo en forma similar  a un sistema planetario. Dichos elementos son los siguientes:
-Las diferentes corrientes de la ética derivadas de la filosofía antigua de Grecia: Ascetismo, Estoicismo, Ataraxia, Apatía, etc.
-La filosofía medieval: El libre albedrío de San Agustín (Ley Eterna).  El ente y la esencia de Santo Tomás de Aquino (Metafísica y ontología).
-Metafísica y ontología: La espiritualidad del alma humana.
-El Esoterismo u ocultismo, principalmente en lo relativo a la psicología esotérica, la iniciación, el cuaternario y la Triada Superior. Obras clásicas como “A los pies del maestro” y “La voz del silencio”.
-Escatología Cristiana: El juicio final particular, individual. La coherencia de Dios con los principios de la ética universal en dicho juicio.
-La Fe Trascendental es la fe al servicio del Yo Superior, es decir, al servicio de la mente inegoísta, del cuerpo intuicional y la Voluntad Espiritual. La fe primitiva u ordinaria, de escaso valor, es la fe que está al servicio del yo inferior (el cuerpo emocional y la mente egoísta, calculadora y deseosa).

Con base en la anterior descripción de mi Dharma, así como de los fundamentos filosóficos y de sabiduría antigua que sustentan la planificación estratégica que tengo que cumplir  para concretizar dicho propósito de mi vida,  entonces puedo establecer los siguientes principios en relación con mi VIDA INTERIOR:
*El éxito por el que yo lucho no pertenece a este mundo.
*Los principales objetivos y metas de mi plan de vida tampoco pertenecen a este mundo.
*El principal bienestar que yo obtengo en mi vida no proviene de este mundo.
*Los desafíos que llenan mi vida de pasión no pertenecen a este mundo.
*Mis principales bienes no son de este mundo.
*El reconocimiento por el que yo lucho tampoco pertenece a este mundo.

Uno de los principios de mi vida es “vivir en este mundo pero fuera de él”, con base en un paradigma de estilo de vida ascético, estoico, ataráxico y apático. En términos generales,  trato de vivir apartado del mundo sensorial, cómodo y placentero. “Vivir sin motivos ni deseos, sin emociones, desapasionado por lo mundano, sin el interés propio”. Nos encontramos dentro de un mundo orientado al trabajo remunerado, al consumo, al desarrollo material y pragmático, por eso es tan importante vivir en dicho mundo pero a la vez fuera de él, “para no ser meros títeres de nuestros impulsos”.

En este contexto de una planificación estratégica para alcanzar mi Dharma, la muerte se presenta en mi vida como un maravilloso desafío que tengo que superar para acceder al éxito por el que tanto estoy luchando y que obviamente no pertenece a este mundo: El estadio existencial de plenitud y la Unión Divina. Una vez en dicho plano o estadio, tendré que enfrentar nuevos desafíos para que mi acercamiento con la Unión Divina sea cada vez más perfecto!

martes, 15 de mayo de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y SU PARADIGMA DE ESTILO DE VIDA


Una norma fundamental del espiritualismo ético, es que toda aquella persona que está convencida de que los valores éticos universales constituyen la guía suprema para la conducta acertada del ser humano y para el logro del máximo objetivo -la Unión Divina- entonces tal convicción debe reflejarla en hechos concretos que demuestren fehacientemente su coherencia entre lo que piensa y lo que hace. Y dichos hechos concretos se llaman virtudes. De la misma manera, el hombre y la mujer espiritualistas éticos deben llevar un estilo de vida que demuestre esa misma coherencia. Y para que puedan determinar qué tanto están siendo consecuentes entre pensamientos y hechos, requieren de una herramienta que les permita medir  su desempeño, como por ejemplo un paradigma de estilo de vida, y para nuestro caso particular, ese estilo de vida arquetípico es aquel basado  en cuatro expresiones muy significativas de la ética griega: el ascetismo, el estoicismo, la ataraxia y la apatía.

Voy a presentar en forma breve la síntesis de cada una de estas propuestas éticas para tratar de demostrar el valor incalculable que tienen en nuestro estilo de vida arquetípico, aquel que le da sustento al estilo de vida del espiritualismo ético. Empezaré con el ascetismo o ascética:

Ascetismo, Ascética
      Propuesta moral de renuncia a los placeres y apetitos corporales con el fin de purificar o elevar el alma del mundo corporal o sensible al mundo espiritual. Encontramos esta propuesta en la religión órfica, el pitagorismo, Platón y en gran medida en el cristianismo. 
       Aunque en el mundo griego antiguo estos términos se utilizaban para designar los ejercicios físicos preparatorios del gimnasta anterior a una competición deportiva, pronto se les dio una significación moral e incluso religiosa. Platón, siguiendo la propuesta pitagórica y órfica, defiende la ascesis entendida como la liberación del alma de todas las urgencias y pasiones corporales para así elevarse hasta la auténtica realidad o mundo de las Ideas. Desde un punto de vista más limitado a la esfera moral, los estoicos la entendieron como la abstinencia de las reclamaciones corporales, abstinencia necesaria para el autodomino y la felicidad. Con el cristianismo, sin embargo, la ascesis tiene ya una dimensión más claramente trascendente: es la práctica que culmina en la unión mística con Dios, para lo que se recomienda la vida virtuosa, la oración, la meditación y, en muchos casos, la mortificación física.
      El ascetismo considera que el hombre está escindido en dos partes distintas, opuestas, y que mantienen una relación hostil: el cuerpo y el alma. Considera el alma como lo más propio del hombre, dado su origen y destino sobrenatural. El cuerpo, sus pasiones, necesidades y deseos perturban y ensucian el alma, por lo que el alma precisa de una purificación. Generalmente el ascetismo propone una vida de rigor moral que busca controlar dichos deseos y pasiones (renuncia a la práctica sexual, moderación en la comida, dietas y prohibiciones varias en la alimentación, renuncia a la ostentación de la belleza corporal...). La vida en el mundo del espíritu se puede completar también con la práctica religiosa y el desarrollo del conocimiento. Este último punto lo encontramos por ejemplo en Platón, para el cual la práctica de la filosofía es una forma de ascesis, de separación del alma del cuerpo.


Estoicismo
      Escuela filosófica fundada por Zenón de Citio hacia el año 300 a. C. Defienden un panteísmo providencialista (mundo físico animado y divino y encaminado a lo bello y perfecto). Identifican el bien con la virtud y la vida feliz con la vida virtuosa y de eliminación de las pasiones (apatía). Se sienten ciudadanos del mundo (cosmopolitismo).
      Consideraron que el objetivo de la conducta humana es la felicidad, estado que se alcanza con la fidelidad a la naturaleza y a la razón. Su propuesta ética gira alrededor de la virtud: desarrollaron una teoría de la virtud y de los deberes con un cierto carácter intelectualista próxima a Aristóteles. Anticipando el punto de vista kantiano valoraron la virtud por sí misma, y, a diferencia de Kant, creyeron que es suficiente para conseguir la felicidad, pues la virtud es un bien por sí misma y su realización trae consigo la felicidad. En relación con los afectos o pasiones los consideraron como un movimiento irracional del alma y distinguieron en ellas los apetitos o deseos, el placer y los sentimientos. En general proponen eliminar todas las pasiones (apatía) aunque las pasiones elevadas no fueron tan rechazadas. Concibieron al sabio como el filósofo que gracias al ejercicio de su razón consigue la autonomía, libertad de afectos y pasiones y de males externos, y que acepta los avatares de la vida por formar parte de los designios de dios. Defienden el suicidio cuando las circunstancias lo exigen: el interés de la patria, enfermedades incurables. Se sienten hermanos de todos los seres humanos, ciudadanos del mundo.


Ataraxia
      Disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, y a la fortaleza del alma frente a la adversidad. Tranquilidad espiritual, paz interior.
      Esta disposición del espíritu es muy parecida a la apatía propuesta por los estoicos e incluso muchos autores no creen necesario distinguirla. Sin embargo se pueden señalar algunas diferencias. Así, la apatía es más típicamente estoica y la ataraxia se encuentra con más frecuencia en las propuestas de los filósofos epicúreos y escépticos. La ataraxia, como la apatía, es el estado anímico que nos permite alcanzar la felicidad. Se consigue mediante la disciplina del apetito para que éste nos presente sólo deseos moderados, y tras aprender a aceptar los males y a renunciar a los deseos cuando sean imposibles de cumplir. El matiz más importante que separa la ataraxia de la apatía es que la apatía promueve la felicidad como consecuencia de la eliminación de las pasiones y deseos; por el contrario, la ataraxia lo hace mediante la creación de la fortaleza espiritual, fortaleza frente al dolor corporal y las circunstancias adversas. Aunque en el fondo los dos estados anímicos llevan a las mismas consecuencias: indiferencia o imperturbabilidad ante todo. Epicuro compara el estado espiritual de la ataraxia con el total reposo del mar cuando ningún viento mueve su superficie.
      Finalmente, tanto un estado como el otro otorgan al sabio la libertad: libertad frente a las pasiones, afectos y apetitos, libertad ante la coacción de otras personas, libertad ante las cosas y circunstancias que se oponen a nuestros proyectos.


Apatía
       Estado del espíritu propuesto por los estoicos consistente en la indiferencia emocional ante los avatares de nuestra existencia. Ausencia de pasiones.
       Etimológicamente esta palabra designa la ausencia de pasiones (páthos = pasión). Los filósofos estoicos consideraron que la felicidad sólo podía alcanzarse cuando se consigue una disposición de ánimo gracias a la cual el sujeto es indiferente emocionalmente ante los sucesos o acontecimientos que le tocan vivir. Marco Aurelio expresa gráficamente este punto de vista en sus “Meditaciones”: “Has de ser como una roca en la que se estrellan todas la olas. Ella está firme y el oleaje se amansa en su derredor”; “El primero precepto: no te dejes impresionar por nada”. Cuando los distintos avatares de nuestra vida no despiertan en nosotros pasión o emoción alguna, alcanzamos la tranquilidad espiritual y conseguimos la máxima felicidad que nos cabe esperar. Un eco de esta frialdad de carácter e indiferencia ante las circunstancias adversas lo encontramos en frases del tipo “soportar con estoicismo el sufrimiento”, “tomarse las cosas con filosofía”.


Espero que la breve exégesis de las cuatro anteriores propuestas éticas o morales, en realidad le permita comprender al lector la dimensión tan grandiosa y elocuente que tienen en los fundamentos éticos y espirituales de toda persona que pretenda desarrollar con éxito un camino de desenvolvimiento espiritual que lo lleve finalmente a la Unión Divina, y por supuesto, del por qué deben formar parte de los pilares del estilo de vida arquetípico del espiritualista ético. En resumen, el ascetismo es una propuesta moral de renuncia a los placeres y apetitos corporales con el fin de purificar o elevar el alma del mundo corporal o sensible al mundo espiritual. Desde un punto de vista más limitado a la esfera moral, los estoicos la entendieron como la abstinencia de las reclamaciones corporales, abstinencia necesaria para el autodomino y la felicidad. El estoicismo es considerado toda una escuela filosófica, sus seguidores identifican el bien con la virtud y la vida feliz con la vida virtuosa y de eliminación de las pasiones (apatía). La ataraxia es una disposición del ánimo propuesta por los mismos estoicos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, y a la fortaleza del alma frente a la adversidad. La apatía es un estado del espíritu también propuesto por los estoicos consistente en la indiferencia emocional ante los avatares de la vida. Significa ausencia de pasiones (pathos=pasión). Para alcanzar la felicidad, debemos ser capaces de sentir indiferencia ante los acontecimientos y ante la pasión que nos genera la superación de tipo material-personal.

En conclusión, dada la importancia de la coherencia entre pensamientos y hechos (es decir, entre valores éticos universales y virtudes) para el practicante del espiritualismo ético, el mismo debe contar con un estilo de vida arquetípico que le permita comprobar dicha coherencia, y dicho paradigma es el modelo de vida ascético, estoico, ataráxico y apático. En términos muy simples, a pesar de desenvolvernos dentro del modelo de una sociedad orientada al trabajo remunerado, al consumo, al desarrollo material y pragmático, debemos ser capaces de encontrar nuestra felicidad y razón de ser dentro de nuestra Vida Interior (V.I.), en donde no requerimos de motivos, ni de condicionamientos con los bienes exteriores, ni del interés propio. Desde donde somos potenciados para ser indiferentes ante los avatares de la vida y ante los bienes materiales y personales. Desde donde somos potenciados para desapasionarnos de todos los condicionamientos externos, desde donde somos potenciados para despreciar nuestro yo inferior y sus apegos con los placeres y los deseos no virtuosos. Desde donde somos potenciados para cumplir a cabalidad con la Ley Eterna de San Agustín de Hipona.

El espiritualismo ético, en su máxima expresión de desarrollo y perfeccionamiento, nos exige ser capaces de vivir en este mundo pero fuera de él, para no ser meros títeres de nuestros impulsos.

martes, 24 de abril de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y VIVIR SIN MOTIVOS


Un principio fundamental de la Ontología, es que las operaciones superiores del entendimiento y de la voluntad le otorgan al alma su carácter espiritual, es decir, somos seres eminentemente espirituales. La voluntad nos potencia para elegir entre una vida espiritualmente mediocre, o una vida comprometida a cabalidad con la Ley Eterna (ver El libre albedrío de Agustín de Hipona), la cual  nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y así no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. En cuanto a la otra gran y admirable facultad u operación, cito lo siguiente: “Sabemos, por propia experiencia, que el entendimiento conoce objetos que pertenecen a un orden superior, tales como los conceptos de causa, verdad, justicia, virtud, belleza, armonía, relación, etc.; que discurre acerca de la naturaleza de los seres absolutamente espirituales; que se eleva hasta descubrir la necesidad de la existencia de un ser eterno, absoluto y perfectísimo, y que cuando así obra, no sólo el cuerpo es ineficaz e innecesario, sino que es preciso que el espíritu se abstraiga de la acción y de la influencia de las cosas sensibles; luego la facultad productora de tales actos es espiritual, como también le es el alma de quien depende.” http://www.e-torredebabel.com/Psicologia/psicologia-elemental/psico-elem-espiritualidad-alma.htm

En el mundo de la lucha por el poder político, militar, empresarial y financiero, que pertenece al  ámbito del éxito exterior, es decir, el éxito material y personal, el conocimiento y la información veraz y oportuna son las herramientas fundamentales e imprescindibles para los líderes y tomadores de decisiones. Todo esto tiene su contrapartida en el mundo de la Vida Interior de todo ser humano, que es el mundo del éxito ético y espiritual, éxito que NO pertenece al mundo  de la vanidad, los placeres y los deseos: El conocimiento fundamental para alcanzar el éxito en el mundo del Yo Superior, (que es el éxito más importante de todos en términos absolutos), es el de la vida sin motivos externos, la felicidad pura sin condicionamientos, la libertad absoluta, aquella que no depende de los apegos con los bienes exteriores, que también podemos llamar apegos materiales y personales, y que enumero a continuación:

1. Apegos con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres en general.
2. Apegos con los placeres y deseos no virtuosos.
3. Apegos con los bienes materiales y personales en general.
4. Apegos con la vanidad.
5. Apegos con los problemas y las preocupaciones.

Este conocimiento fundamental de la vida sin motivos, implica también que el ser humano debe ser capaz de obtener su principal fuente de bienestar y satisfacción en su Vida Interior y no en su Vida Exterior. La razón que le da sentido a su vida debe surgir de su Bienestar Interior, y no de sus apegos. Ergo: una vida agitada y superficial, dominada por la superación material-personal, dependiente de los placeres y los deseos exteriores para tener sentido, es una vida arcaica, viciosa, débil, autodestructiva y mezquina.

Para acceder a nuestra Vida Interior (V.I.), tenemos que hacer meditación. Una vez alojados en dicho santuario, empezamos a separarnos del mundo exterior, empezamos a romper los apegos con todos los tipos de bienes materiales y personales, empezamos a experimentar un enorme bienestar que no depende de ningún tipo de elemento externo, y por lo tanto que no está sujeto a ningún tipo de condicionamiento. Teniendo la incondicionalidad como aliada, de pronto no requerimos de motivos para sentirnos bien, podemos prescindir de las causas y efectos que le dan sentido al mundo exterior y del interés propio. Finalmente alcanzamos la Libertad Absoluta, aquella que no depende de nada, que se basta a mí misma, que no está condicionada por nadie ni por nada. En ese estado de riqueza espiritual (ataraxia),  somos capaces de sentir una presencia muy cercana y auténtica del Poder Superior, podemos sentir su solidaridad y que tenemos los méritos para formar parte aunque sea infinitesimalmente de su Mentalismo Divino. Y al alcanzar un nivel de misticismo tan grande, podemos declarar y decretar que Dios nos está hablando e instruyendo acerca de lo que tenemos que hacer para trascender nuestra personalidad y alcanzar la unión con ÉL.

El desarrollo de nuestra V. I. requiere que  diariamente hagamos un “viaje místico” hacia donde se encuentra ella, para experimentar el gozo de la Libertad Absoluta, que significa la dicha de sentirnos plenos y llenos de bienestar sin depender para nada de nuestros apegos con los bienes exteriores. En ese punto, podremos percibir la mágica presencia del Poder Superior.

En la medida que una persona vaya incrementando el desarrollo de su V.I., de la misma forma debe reflejarlo en un estilo de vida exterior paradigmático, caracterizado por la modestia, la discreción, la austeridad, la sencillez, la humildad, la bondad, el sacrificio, y la autolimitación  en cuanto a placeres  y deseos no virtuosos. Evidentemente se trata de un estilo de vida muy particular, poco o nada llamativo desde el punto de vista de los valores de la ideología económica de la sociedad de consumo, ya que el éxito por el que lucha no pertenece a este mundo. El paradigma del estilo de vida del practicante del Espiritualismo Ético, además está sustentado en los principios éticos del Ascetismo, de la Ataraxia, de la Apatía y del Estoicismo, todas corrientes de la filosofía antigua clásica griega. La implicación más importante de esta influencia de la ética griega (y en consecuencia de la ética universal y atemporal) en dicho paradigma, es que la persona practicante debe ser capaz hasta cierto punto, de despreciar e ignorar los apegos con los bienes materiales y personales.

Tenemos que tener  la osadía de apostarlo todo al presupuesto de que  nuestra Vida Interior es un templo de vasta extensión en el que encontraremos todo lo que necesitamos para alcanzar la autorrealización integral y la plena satisfacción de nuestra naturaleza espiritual. En mi caso particular,  he sometido dicho presupuesto a prueba y doy fe del avance tan significativo que he logrado en mi lucha por alcanzar el supremo objetivo del ser humano: LA UNIÓN DIVINA. Presupuesto que además tiene un respaldo bibliográfico casi que infinito, empezando por los grandiosos textos de la Sabiduría Antigua.

En la próxima entrega, me dedicaré a explicar brevemente las principales características de la ética estoica, ascética, ataráxica y apática, y del por qué tienen que estar presentes en el paradigma del estilo de vida del espiritualista ético.

viernes, 23 de marzo de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y EL BIEN SUPREMO


De acuerdo con el Espiritualismo Ético, el bien supremo es Dios, y para acceder a dicho bien (la Unión Divina), tenemos que cumplir con la ley eterna que San Agustín describe en su obra “El libre albedrío”. Dicha ley nos manda amar las cosas conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual,  ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso.  Un discípulo serio del Espiritualismo Ético debe darle prioridad real, demostrable, a los principios de la ética universal y de la metafísica, y a su vida terrenal la debe ubicar en su respectivo lugar, proporcional a su importancia real en relación con el grado de perfeccionamiento espiritual de las cosas. El anterior compromiso debe reflejarse en un estilo de vida basado en alguna medida en los principios ascéticos, estoicos, apáticos y ataráxicos (Filosofía Clásica de los pensadores griegos), aunque se encuentre en plena sociedad de consumo del siglo XXI. Y a pesar de sus naturales debilidades como ser humano, debe tener la osadía y el coraje de practicar el arte de despreciar los bienes materiales y personales porque carecen de valor espiritual, aunque al mismo tiempo debe cumplir en forma satisfactoria con sus roles profesionales y económicos. Todos los días debe levantarse con la misión de despreciar aquello carente de valor espiritual, de desapasionarse de todo aquello que es objeto de placer y deseo para su personalidad egoísta, porque el bien supremo es la Unión Divina y tiene muy clara la estrategia requerida para alcanzar dicho bien.

Cuando el espiritualista ético, producto de su trabajo de  meditación, viaja hacia su vida interior, tal desprecio y desapego se agigantan y robustecen, y logra alcanzar una alegría enorme que se genera en sus entrañas espirituales, en su relación con el Ser Supremo, y es por ella que logra apropiarse de la libertad absoluta, la que no depende de ningún tipo de bien material o personal. Y al tener la voluntad tan desarrollada como para ser capaz de despreciar los bienes exteriores, en verdad que es el auténtico dueño de su vida, de su alma y de su destino divino. Es una disciplina que requiere constancia, sacrificio, pasión por la trascendencia y por  Unión Divina y coherencia con los principios de la ética universal.

El espiritualista ético, fiel a su estilo de vida basado en los principios ascéticos, estoicos, ataráxicos y apáticos, aborrece  la sociedad de consumo, el capitalismo y su inherente depredación ambiental, las masas domesticadas culturalmente, que le brindan atención a las  las estrellas y a los personajes mediáticos, llámese cine, deporte, política, literatura, ciencia, música, nobles y multimillonarios. Aborrece los medios de comunicación en manos de empresarios privados cuya estrategia oculta es la manipulación ideológica y la preservación de los actuales sistemas económicos de poder. Siente repugnancia por la inmensa mayoría de seres humanos que se consideran religiosos o espirituales, pero que a la vez son tan escasamente éticos.  ¡Qué contradicción más decepcionante!

El espiritualista ético cree firmemente, en cuanto a que las personas que no logren alcanzar cierto nivel de ruptura de sus apegos con los bienes exteriores, producto de un trabajo consciente y planificado, y que no logren coherencia entre sus creencias religiosas o principios espirituales y  la ética universal,  no tendrán acceso una vez muertos, a un mayor grado de cercanía con la Unión Divina y tendrán por delante un arduo proceso de transformación espiritual. Es decir, tal y como lo expliqué en la anterior monografía (El Espiritualismo Ético y la Escatología Ecléctica), quedarán excluidos del estadio existencial de plenitud y quedarán confinados en el estadio existencial carencial.

En relación con lo que es la ética universal, les presento a continuación una introducción tomada del sitio  http://www.eticauniversal.net/2009/05/declaracion-de-principios-en-torno-una.html Es un documento maravilloso y espléndido de lectura obligada para toda persona que busca la armonía entre su espiritualidad y la ética como medio para alcanzar la ansiada Unión Divina. Se trata de una declaración de principios fundamentales sobre lo que es la ética universal y acerca de su carácter esencialmente práctico. Dicha declaración nos brinda una guía sencilla de entender, dificilísima de poner en práctica si hablamos de hacerlo en forma metódica y sistemática, como forma habitual de vida. Entonces tenemos en frente un desafío épico que tenemos que aceptar con valor y con pasión.

DECLARACION DE PRINCIPIOS EN TORNO A UNA ETICA UNIVERSAL.
Descripción: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjhyphenhyphenxckERConi0b-QW0KpYHxnawMWlnE5Qq3RmqoYfxuP6WtgHckPtOOVcA_15K68jJ_p-wLHVzWLkIbSsZ2jF9BL9JdBvOXnS9NM4J2hVew5DLG1xvYjvQSoIoj83Bkxw8sn5FAbTxuVx2/s200/principios.jpg
   Es un hecho constatable que, paralelamente a una gran transformación de las sociedades actuales, se está produciendo también la deshumanización de las mismas, una de las principales causas de los grandes problemas de la humanidad. Esto lleva aparejados una gran miseria moral y un vacío de valores éticos, que, además de ser fuente de fanatismos e ignorancias, son causa también de la miseria física, la intolerancia y el declive social, cultural y, finalmente, económico.
Como se reconoce en la introducción a la carta de constitución de la UNESCO: “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

Urge, en consecuencia, el fortalecimiento de valores éticos en todos los órdenes en que se articula nuestro mundo actual, desde la convivencia social a las estructuras educativas, profesionales, políticas, económicas, etc.

Afirmamos la existencia de unos principios éticos universales, que nacen del reconocimiento de la dignidad humana y de la necesidad de su pleno desarrollo en convivencia, en armonía y en paz.
Se trata de valores universales que, respetando la diversidad, la multi-culturalidad, las creencias y las religiones, trasciendan los propios valores culturales y confluyan en unos principios comunes inherentes a todo ser humano, más allá de su raza, cultura o credo.
Por ello, ningún sistema político, social o religioso debe suplantar la autoridad de dichos valores en la conciencia de cada individuo.

Entendemos los valores éticos como aquellos que producen un bien moral, es decir, que respetan, mejoran y perfeccionan la condición humana. Esta aspiración hacia lo mejor ha ido desarrollando en los diversos marcos históricos y culturales diferentes normas morales. Pero cuando estas normas se desarraigan de la esencia de los valores éticos profundos que les dieron nacimiento, se vuelven rígidas cual una cáscara vacía y contrarias al fin para el que nacieron.
El bien común ha de ser la meta más elevada, una meta que no anule al individuo, sino que lo potencie, pero que no permita que ese bien común sea vulnerado por los intereses individuales de unos pocos.

     No habrá paz ni justicia social sin una ética individual, especialmente arraigada en el comportamiento personal de los responsables sociales, políticos, económicos, etc.
Los estamentos sociales han de dotarse de valores éticos sólidos, que fortalezcan sus fines de servicio a las naciones. Todas las estructuras sociales (medios de comunicación, organizaciones empresariales, instituciones públicas y privadas, organizaciones políticas, religiosas, educativas, etc.) están constituidas por personas que, más allá de los códigos deontológicos corporativos, deben vivir una ética individual como la más firme garantía de justicia social.
La práctica habitual de las virtudes éticas hace al hombre moral, favorece la convivencia y la justicia y dispone hacia la felicidad. Esas virtudes éticas son, por ello, los principales soportes de una sociedad justa, libre y solidaria.

      La vivencia de los valores se refuerza con un sentido profundo y no superficial de la cultura.
La ignorancia, el embrutecimiento y el fanatismo no favorecen el florecer de los valores éticos.
Necesitamos, por tanto, una educación y una cultura humanísticas que refuercen y confirmen los valores humanos y las características que hagan crecer lo mejor del género humano, que nos permitan saber todo aquello que favorece el sano desenvolvimiento de las facultades del hombre, desde lo físico hasta lo emocional y lo mental.
Pensamos que la educación debe servir al desarrollo del individuo y no a los intereses económicos predominantes.
Pensamos que es necesario fomentar la cultura como un conocimiento global, como una experiencia profunda de la humanidad que recoja su historia, sus logros, sus errores, expresados en el conjunto de sus valores permanentes, conocimientos científicos, creencias y experiencias, que van siendo acumuladas generación tras generación.
El desarrollo de los valores ha de promoverse de forma conjunta y complementaria, pues es desde la armonía e integración de diferentes valores como se puede garantizar una ética sin extremismos deformantes que pierdan de vista la globalidad del ser humano.
Una vez más, queremos repetir la idea de que es desde una ética sólida individual desde donde se puede construir una justicia y una convivencia social.

VIVIR Y FOMENTAR EL DESARROLLO DE LOS VALORES UNIVERSALES
Aunque son muchos los valores que podríamos reconocer como universales, desde esta plataforma queremos resaltar como punto de partida una serie de valores esenciales, valores universales con los que los abajo firmantes nos comprometemos en el esfuerzo por vivirlos personalmente y promoverlos colectivamente.
.- Amor a la verdad y al conocimiento.
Es necesario desarrollar y vivir el amor a la verdad y el conocimiento como una aspiración natural más allá del entorno cultural y religioso.
El amor a la verdad parte de la legítima aspiración por desarrollar el propio discernimiento y comprensión del mundo y de uno mismo.
.- La honestidad y la integridad personal.
El mundo necesita que los seres humanos vivamos con honestidad, con coherencia con nuestros propios principios y nuestro sentido del bien y la justicia, esa unidad entre pensamiento, sentimiento y acción que se manifiesta como sinceridad y fortaleza moral para no dejarse arrastrar por las oportunidades de corrupción que se nos presentan.
Solo la honestidad produce ejemplo, y el ejemplo es el imprescindible motor de la transmisión de valores y de la confianza en los poderes públicos representados en sus responsables.
.- Bondad y amor.
La bondad y el amor son el nexo que hace posible la concordia y la unión entre los seres. Los hombres y mujeres necesitamos fomentar esa predisposición constante hacia el bien, que se nutre del inegoísmo y busca lo mejor para los demás.
Quien posee bondad de corazón no pretende beneficios ni éxitos personales a costa del perjuicio de los demás.
.- La sensibilidad hacia la belleza.
        La sensibilidad estética despierta en el ser humano resonancias hacia el bien, la armonía y el discernimiento. Si la ética la podemos entender como belleza interior, debemos también propiciar la belleza en lo que nos rodea. Belleza exterior e interior deben ir unidas.
Por ello, pensamos que el arte, como instrumento civilizatorio, puede contribuir a la creación de espacios, entornos y manifestaciones culturales que fomenten lo mejor del ser humano. Pero es necesario que el arte camine de la mano de la creatividad y la belleza y no de la mano del mercantilismo.
.- Respeto por el medio ambiente y la vida en general.
         El ser humano está integrado en la Naturaleza. Forma parte de su maravillosa manifestación de vida.
No podemos entender la Tierra, los mares, los árboles ni los animales como meros objetos a nuestro servicio.
Todo perjuicio que hagamos a este maravilloso sistema de la Naturaleza, además de ser un atentado contra la vida, acabará recayendo sobre nosotros.
El respeto a la vida, al medio ambiente y a su necesario equilibrio es el fruto natural de entender la unidad sustancial de la vida, y al hombre como parte de ella.
.- Sentido de la vida y trascendencia espiritual.
       Ya sea desde la fe, desde la ética o desde la filosofía, cuando el hombre reconoce su dimensión profunda o espiritual como parte de sí mismo, así como una dimensión profunda en el universo que le da sentido, llámese Dios, Causa o Esencia, esta otorga un sentido a la vida donde los valores y cualidades éticas adquieren una mayor relevancia en nuestro propio desarrollo y el de la humanidad.
Este motor espiritual unido a los demás valores de discernimiento, amor a la verdad, compromiso social y bondad, ha movido y puede seguir moviendo el desarrollo de la humanidad en todos los órdenes de la vida, desde el progreso material hasta el intelectual y moral.
.- Sentido de la justicia asentado en un gran humanismo.
Se ha definido la justicia como dar a cada cual lo que corresponde según su naturaleza y sus actos. Entendemos que ese sentido de la justicia se expresa como equilibrio y armonía, que contempla siempre todas las necesidades de los seres humanos y la distribución equitativa de oportunidades, a la vez que respeta el derecho a progresar gracias al propio esfuerzo.
Los intereses particulares de las naciones, los intereses de partido, los intereses económicos, etc., no pueden suplantar a la verdadera justicia social promoviendo leyes que vulneren los derechos humanos y el derecho esencial al desarrollo en dignidad como persona.
Insistimos, una vez más, en que no habrá justicia social sin una afirmada ética individual.
.- Responsabilidad y sentido del deber.
Debemos valorar la responsabilidad y el sentido del deber entendidos como expresión del individuo comprometido en desarrollar y aportar lo mejor de sí mismo, como base de su realización personal y de su servicio al bien común.
.- Fraternidad universal.
Creemos necesario entender el vínculo y unidad esencial existente entre todos los seres humanos más allá de sus razas, creencias y condiciones sociales; entender la humanidad como una gran familia donde debe reinar la paz, el entendimiento y la solidaridad.
El espíritu de fraternidad se apoya en el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, de su libertad para elegir su vida y sus creencias en el marco natural de respeto a los valores universales y los derechos humanos.
.- Tolerancia activa.
      En este sentido, baste reflejar las palabras recogidas en la “declaración de principios sobre la tolerancia” de la 28 reunión de la Conferencia General de la UNESCO, en París, el 25 de octubre de 1995:
“La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No solo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz…
…Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores fundamentales…
…Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos”.
.- Compromiso social.
       Consideramos necesario un compromiso social que sea el natural resultado del espíritu de fraternidad, de la bondad y del sentido de la justicia. El bien común es fruto del compromiso individual de aquellos que hacen suyos los ideales de progreso de la humanidad.
Los valores civilizadores expresados en el arte, la ciencia, la religión y la política solo pueden ser fruto de un esfuerzo de los individuos por desarrollar y poner en común lo mejor de la humanidad. Deben también reflejar su aspiración hacia los altos valores que anhelamos.
Cuando la ciencia busca la verdad y el conocimiento; la espiritualidad y la religión, la bondad y el amor; el arte, la belleza; y la política, la justicia, se puede lograr una armonía insospechada que nos conduzca a forjar sólidamente un mundo mejor.

Un mundo mejor es posible desde el esfuerzo individual inspirado por unos profundos valores universales
Los abajo firmantes nos comprometemos en el esfuerzo por vivir lo expuesto en esta declaración personalmente, y en promover su contenido en la sociedad.


sábado, 10 de marzo de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y LA ESCATOLOGÍA ECLÉCTICA


La escatología según el diccionario enciclopédico Mi Pequeño Larousee, significa lo siguiente: Conjunto de doctrinas y creencias relacionadas con el destino último del hombre y del universo. Es decir, la escatología es una disciplina (una rama de la teología) que trata de descifrar lo que le espera al hombre después de su muerte material. Desde mi perspectiva del fenómeno escatológico, el mismo puede explicarse y predecirse en forma más convincente y acertada, utilizando elementos de la escatología cristiana, de la escatología esotérica u ocultista (en su sentido clásico, serio) y de mi propia cosmovisión escatológica,  que he denominado trascendentalista. La escatología es una disciplina a menudo olvidada en el análisis más profundo y amplio que se quiera hacer sobre nuestra relación con el Poder Superior y del futuro que nos tiene preparado y de la responsabilidad que nos concierne con dicho futuro. Pero es una de las disciplinas más cautivantes y apasionantes que podemos estudiar y enriquecer, ya que estamos adelantándonos a las respuestas que obtendremos luego de nuestro deceso.

La vida humana es el primer estadio existencial de nuestra alma. Desde el punto de vista del desarrollo y perfeccionamiento espiritual, todos nacemos, crecemos y envejecemos como diamantes en bruto, es decir, con las cualidades potenciales para trascender la mera condición de seres dominados por la inteligencia calculadora egoísta, por las pasiones, por las emociones y por el apego con los bienes exteriores. En este sentido, hay que considerar ciertas condiciones que son vitales para lograr esa trascendencia tan importante. Tales condiciones son las siguientes: Los que por mérito propio o mérito de  otra persona descubrimos y tomamos conciencia de la Ley Eterna (San Agustín de Hipona: El Libre Albedrío); los que amparados en una determinada religión o en el conocimiento de la Sabiduría Antigua logramos ser consecuentes en mayor o en menor medida con dicha ley; los que demostramos tener la capacidad para aprovecharla, con el fin de asumir el perfeccionamiento de nuestro espíritu para la Unión Divina como la misión fundamental de nuestras vidas, y aceptamos con gratitud los sacrificios inherentes a ello; los que nos comprometemos con un camino de desenvolvimiento y de superación ascética-espiritual como un apostolado y lo reflejamos en nuestro estilo de vida austero, modesto, altruista, discreto. Aquellas personas que logren cumplir en mayor o en menor medida con dichas condiciones, se destacarán por cierto pulimiento en sus almas y así se librarán de su condición de diamantes en bruto (Para ello también han sido capaces de experimentar a través de la meditación o por otro medio, del gozo de la libertad absoluta). Dicho de otra manera, se han convertido en principiantes de alquimistas (trasformadores de vicios en virtudes). Este adelanto espiritual tan significativo, les procurará un estadio existencial posterior a la muerte muy cercano a la Unión Divina y por supuesto que  mucho más favorable en relación con  aquellos (la gran mayoría) que no lograron ningún adelanto espiritual significativo. Para todos los que se quedaron como diamantes en bruto, les espera un estadio existencial en el que sus almas se encontrarán completamente solas y aisladas,  sin posibilidad de establecer algún tipo de contacto o comunicación con otra alma, sin posibilidad de obtener conocimientos o información de nada, sin ningún tipo de certeza, sin posibilidad alguna de salirse de ese aislamiento. El Poder Superior les brindará una revelación a estos entes: La razón por la que se encuentran en dicho estadio existencial carencial, es la consecuencia de no haber cumplido con la Ley Eterna, la cual, aunque no les fue enseñada en forma explícita, es inherente a la facultad de la intuición humana, por lo que no caben justificaciones (dicha ley nos manda amar las cosas ordenamente conforme su grado de perfeccionamiento espirtual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso). Por lo tanto, permanecerán un período de tiempo indeterminado en dicho estadio carencial para que tomen conciencia de la importancia de entender y cumplir el orden universal de la Ley Eterna. Luego esos entes podrían encarnar en seres humanos, conservando en su subconsciente la experiencia que tuvieron en el estadio carencial, y así tendrán la oportunidad de redimirse. Quizás lo logren, quizás no. En caso de ser necesario, volverán a repetir el proceso. Pero también, el Poder Superior puede determinar que un ente demostró los méritos suficientes durante su permanencia en el estadio existencial carencial y no requiere encarnar, y entonces puede proseguir su camino hacia la Unión Divina.

En el caso de los entes que por una u otra vía, se encuentran en el estadio existencial opuesto al carencial, es decir, el estadio de plenitud,  podría ser que el Poder Superior los someta a una nueva prueba y más difícil de lo que fue su paso por el planeta Tierra. En tal caso, estos entes pueden adquirir vida y nacer en un planeta cuya civilización es muchísima más virtuosa e inegoísta que la civilización humana, de tal manera que para estar a la altura de los seres más avanzados espiritualmente que viven en dicho planeta, tendrán que aumentar el dominio que ya tienen sobre su personalidad egoísta, y si no lo logran, podrían tener que permanecer un tiempo en un nuevo estadio existencial carencial adecuado a los atributos de la civilización de este segundo planeta. En caso de lograrlo, ascenderán a un segundo estadio existencial de plenitud. Con cada peldaño ganado, estaremos más cerca de la ansiada Unión Divina!

viernes, 24 de febrero de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO, LA FELICIDAD Y EL MENTALISMO


¿DE QUÉ ESTÁ HECHA TU FELICIDAD?

¿De qué está hecha tu felicidad? O mejor dicho: ¿De qué cosas dependes para ser feliz? Si dependes de bienes que tienen un precio o del logro de objetivos que complacen tu personalidad egoísta y  tu vanidad (necesidades de aceptación social, de reconocimiento y estima), entonces eres una persona con una felicidad muy frágil porque ésta depende de elementos que tienen un carácter comercial, frívolo y efímero. Se trata de una felicidad casi que instintiva, una felicidad de tipo causa-efecto, es decir, si obtengo esto, si me puedo comprar aquello, si me gano lo otro, si recibo aquello. Este tipo de felicidad condicionada a elementos exteriores, es la felicidad que necesita nuestro yo inferior o yo material. En cambio, la felicidad que no está condicionada a ningún elemento exterior y que se sustenta en el desarrollo de nuestra vida interior, en nuestra capacidad de romper con nuestros apegos con los bienes externos, en la posibilidad de sentir la presencia o la influencia del Poder Superior en nuestra alma, es la felicidad que le pertenece a nuestro yo superior o yo espiritual. Es la verdadera esencia de la felicidad que nos permite experimentar por algunos minutos la LIBERTAD ABSOLUTA cuando hacemos oración o meditación a través del espíritu culturismo.

FELICIDAD DE CRISTAL

¿Cuál es la fuente inmediata o instantánea de tu felicidad? Los bienes materiales y personales que tienen un precio o un valor relativo, y que además tienen una vida útil transitoria, efímera, insignificante, en términos absolutos, o los bienes espirituales, que son invaluables, eternos, inagotables, únicos e invariables? Si naciste para tener una existencia tan finita como la vida misma, entonces sería razonable que te emocionaras principalmente con todos aquellos bienes materiales y personales que pudieras adquirir, ganar y disfrutar. Pero yo pregunto: ¿De qué estás hecho? ¿Únicamente de un cuerpo físico y de una personalidad e inteligencia egoístas, o estás dotado de un alma y de un espíritu? ¿Has sido diseñado para lo finito o para lo eterno? ¿Para acaparar o para dar?

Yo  mismo doy testimonio de la mezquindad espiritual inherente a mi naturaleza humana: Voy a recoger a mi hijo al colegio, descubro un nuevo desperfecto en mi viejo automóvil y me disgusto y me aflijo por no poder cambiarlo en el corto plazo por uno más nuevo, pero en cambio, cuando veo acercarse a mi precioso hijo de 12 años, lleno de salud y de alegría, no me emociono, lo veo como algo muy cotidiano, no medito en lo invaluable que es la salud y el vigor de ese niño o muchacho. ¡Qué gran error el que cometo, qué imperdonable!

Todos sabemos que hay dos tipos de bienes, los materiales-personales y los espirituales. Ejemplos de los primeros abundan y es muy fácil dar ejemplos: automóviles, casas, terrenos, vacaciones en tiempo compartido o en el extranjero, ascensos laborales, un nuevo gran cliente que incrementa tus comisiones (para los que somos vendedores como este servidor), la felicitación de tu superior por el trabajo bien hecho, tu actuación sobresaliente en la presentación de algún tema laboral o comercial, etc. Ejemplos de bienes espirituales: La paz de tu alma; tu vida interior desarrollada y protagonista de tu felicidad, como resultado del conocimiento de ti mismo y de la práctica de todos los principios o valores éticos transformados en  virtudes; tu particular relación con el Poder Superior, tus oraciones a través de las cuales te comunicas con Él, el desapego, la ruptura con las ataduras de tu personalidad egoísta, el conocimiento de la sabiduría antigua, etc.

Si tu felicidad se basa principalmente en los bienes materiales y personales que ya comentamos, tu felicidad es falsa, es débil, es frágil como el cristal y es muy fácil de destruir. Si tu felicidad realmente está basada en los bienes espirituales (lo cual implica que llevas un estilo de vida consecuente con los valores de la austeridad, de la moderación, del sacrificio y de la discreción), entonces tu felicidad va camino a ser sólida como el acero.

EL MENTALISMO

Según el diccionario enciclopédico El Pequeño Larousse (1996), la palabra Metafísica significa lo siguiente: "Investigación acerca del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras. 2. Investigación acerca de los principios más elevados del pensamiento y de la existencia. 3. Teoría general y abstracta: metafísica del lenguaje. Metafísica general, la que trata de la naturaleza del ser en sí mismo, independientemente de sus diversas manifestaciones o fenómenos".

Existe en el mercado librero una gran cantidad de obras con un carácter eminentemente comercial y un tanto superficial que afirman basar sus conocimientos y enseñanzas en la  Metafísica, pero en realidad, si nos apegamos fielmente a la anterior definición, es evidente que se equivocan al hacer tal afirmación. La Metafísica es una rama de la Filosofía, y no en vano, si leemos detenidamente dicha definición, encontraremos un cierto grado de dificultad para entenderla, ya que no somos profesionales en Filosofía.

Libros tales como Metafísica 4 en 1, de Conny Méndez, sin menospreciar sus enseñanzas que pueden ser de mucha utilidad (en mi caso particular, la lectura del libro me resultó útil bajo ciertas consideraciones), constituyen una falta de respeto para la compleja disciplina de la Filosofía y evidencian sin tapujos, que pretenden aprovecharse de la inocencia y de la ignorancia de sus lectores, al menos de aquellos que desconocen lo que realmente es la Metafísica, como rama de la Filosofía.

Otro ejemplo de este fenómeno mercadológico de obras exitosas en ventas que supuestamente tienen un sustento científico o lógico, valiéndose de términos filosóficos o de leyes científicas, lo constituye el libro El Secreto de la autora Rhonda Byrne, quien no hace más que presentar en una forma más sensacionalista, la misma propuesta que mucho tiempo atrás había publicado la ya mencionada Conny Méndez, solo que ésta última, en vez de llamarle "El Secreto" al supuesto poder mentalista, le llamó "La Gran Verdad".

Ambas autoras extrapolan la ley de atracción gravitación de la Física al ámbito de la conducta y la racionalidad humanas, y pretenden convencernos de que dicha ley puede ser asimilada al poder mental y al comportamiento humano, lo cual, desde el punto de vista científico es totalmente falso y absurdo, salvo que sea algo que se acepte por la vía de la fe, y ya esto es un tema totalmente aparte. Yo soy un estudioso de la Sabiduría Antigua, y he leído bastante sobre El Kybalion, el cual se atribuye a Hermes Trismegisto. Cito a continuación una frase del libro "El Kybalion, estudio sobre la filosofía hermética del antiguo Egipto y Grecia" escrito por Tres Iniciados (Editorial Orion, 1998): "Todas las bases fundamentales de las enseñanzas esotéricas que en cualquier tiempo han sido impartidas a la raza son originarias, en esencia, de las formuladas por Hermes. Aún las más antiguas doctrinas de la India han tenido su fuente en las enseñanzas herméticas".

Autoras como  Conny Méndez y Rhonda Byrne lograron tener éxitos editoriales a partir de  enseñanzas herméticas y esotéricas que datan de miles de años atrás, que son muy conocidas y compartidas por los estudiosos de dichas materias, pero que a los neófitos les resultan fascinantes cuando se las  presentan con cierta tergiversación y en una forma mucho más amigable y atractiva, haciendo énfasis en los logros materiales.
El Kybalion asimila el comportamiento del universo al comportamiento humano, y sentencia que se trata de una ley. Además nos dice que el Hermetismo se basa en 7 principios, y el primero de ellos se llama el Principio del Mentalismo, y de acuerdo con éste, tanto la materia como la energía del cosmos están subordinadas al dominio de la mente de algunas personas privilegiadas que se conocen como los  "iniciados".

A pesar de mi admiración y respeto por la Sabiduría Antigua, la cual es muy amplia, heterogénea y fundamental en el crecimiento espiritual del ser humano, en lo que respecta al Kybalion y el Hermetismo, yo debo manifestar que rechazo de plano su propuesta de que el mentalismo  se comporta como si fuera una ley. Y voy a dar mi criterio acerca de lo que para mí es en realidad el Mentalismo: No es un concepto filosófico ni mucho menos, tampoco es un instrumento que armonice las leyes de la física y los fenómenos de la conducta y el comportamiento humanos.

Yo comparto totalmente la siguiente definición tomada del sitio web de Página de Vida (www.proyectopv.org): "El  mentalismo es la ciencia que estudia la mente como fuerza creadora. El hombre es la resultante de su pensamiento". Luego, en el mismo diccionario que cité al inicio de esta publicación, dice que mentalizar es "adquirir o cimentar una idea". Yo lo aprecio de esta forma: Por supuesto que todo lo que Dios ha creado, lo ha hecho con el poder de su mente, Él lo concibe en su mente y simplemente ordena que se manifieste y de esa manera se concretizan todas las cosas. 

Ahora bien, en el campo de la Metafísica original y seria, fundamentada en métodos racionales (es decir, la  Metafísica como rama de la Filosofía), existe el concepto de la ley eterna, y dicha ley sentencia lo siguiente: debemos amar las cosas ordenadamente, conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso (El  Libre Albedrío, San Agustín, capítulos VI y XII). Yo considero que si soy capaz de cumplir con dicha ley de la manera más perfecta y apasionada posible, entonces Dios me concederá la privilegiada condición de pasar a formar parte en forma infinitesimal de su grandioso Mentalismo Divino, y si además pongo todo mi empeño y esfuerzo en concretizar una idea-objetivo, con el ingrediente final de mi  FE TRASCENDENTAL, entonces indudablemente que lo lograré.

Pero aclaro nuevamente, para mí el Mentalismo pertenece al ámbito de la Fe, de tu particular relación con tu Poder Divino. Y su tu Fe es meritoria y trascendental, el Mentalismo tal y como yo lo he descrito, te brindará grandes beneficios o logros principalmente para tu adelanto o desenvolvimiento espiritual y no material. Y hago la distinción, porque si lo que queremos es que el Mentalismo nos ayude con logros de nuestra personalidad egoísta, entonces estaríamos hablando de un falso Mentalismo de carácter superficial e interesado, algo muy similar a la teología de la prosperidad y la sanación, con la que las iglesias pentecostales manipulan a sus seguidores.