ORACIONES DEL CRISTIANISMO MÍSTICO

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viernes, 2 de noviembre de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y LA EXPANSIÓN DE LA CONCIENCIA


Todos los días al despertarnos lo primerísimo que tenemos que hacer es traer a nuestra mente una idea fundamental del Espiritualismo Ético: ¿Cuáles son la Misión y la Visión de mi vida como ser espiritual en este mundo? La Misión: trascender mi personalidad egoísta (o cuaternario inferior) a través de una planificación estratégica, que me potencie para concretizar la Visión, la cual consiste en alcanzar la Unión Divina. Con esta idea neurálgica impresa en nuestras mentes, como primer acto racional de cada nuevo día, trazaremos la senda correcta a seguir para avanzar paso a paso pero progresivamente en el proceso de cumplir efectiva y permanentemente con el principio de la incondicionalidad, el cual significa que hemos sido capaces de conquistar en menor o en mayor grado la libertad absoluta, aquella que no está condicionada por ningún deseo, ninguna emoción, ningún apego con bienes materiales o personales. Si no pudiésemos gozar de dicha libertad con cierta frecuencia, nos resultaría imposible cumplir con la Misión y aspirar a esa maravillosa Visión que es la Unión Divina. Y tal y como dijo Goethe: “Aún nadie se ha perdido en un camino recto”.

Y en relación con la  planificación  requerida para concretizar la Misión: ¿En qué consiste la misma? En la expansión de nuestra conciencia y entendimiento, para lo cual se requiere de un acervo de recursos intelectuales y espirituales que vamos a nombrar a continuación y que deben formar parte del “portafolio” de todo profesional del Espiritualismo Ético. Además necesitamos  cultivar y desarrollar hábitos éticamente correctos que le permitan crecer a nuestra voluntad clarificada y espiritual. En una monografía anterior del 8 de junio de este año, llamada “Espiritualismo Ético, el Dharma y la escatología esotérica”, hice mención a todos esos recursos tan importantes, pero tratándose de un tema tan capital, me parece que es imperioso y oportuno volver a repasarlos, para tomar conciencia de que constituyen un conjunto de herramientas muy valiosas que deben estar contenidas en tu portafolio de uso personal, para el crecimiento de tu Yo Superior. Luego, al ser el Dharma el propósito de la vida, entonces nuestra Misión y Visión son los componentes fundamentales de dicho Dharma.

La inmensa mayoría de seres humanos desconocen el cúmulo de conocimientos de la Sabiduría Antigua, de la Pansofía, de la Ética Universal, atemporal y perenne y de la Espiritualidad Ética. Constituyen el gran rebaño de hombres y mujeres que viven en el mundo de la ilusión y la ignorancia.  Un ejemplo de lo anterior, es que para todas ellos y ellas la principal connotación que tiene la palabra profesional, es la de personas que han obtenido un título universitario de las ciencias económicas, médicas, sociales, de las ingenierías, de las artes, etc. También de los hombres y mujeres que son profesionales de los deportes: fútbol, baloncesto, beisbol, fútbol americano, boxeo, tenis, etc. También de las actrices y actores del cine y  la televisión. Pero para los que hemos entendido y aceptado que ese mundo de ilusión e ignorancia es un mundo mezquino, vergonzoso y repudiable, la única connotación que cuenta es la del profesional del espiritualismo ético, controlador de su yo inferior, de su personalidad egoísta, feroz combatiente de los deseos y emociones de su mente calculadora (Kama Manas). Quienes aborrecemos a dicho mundo de ilusión e ignorancia por ser un mundo agitado, superficial, desigual en extremo y dominado por la superación material-personal, nos consideramos sus disidentes y luchamos implacablemente por liberarnos de él. Nos caracteriza la lucha que emprendemos diariamente por alcanzar el objetivo de contar con un estado anímico de plena satisfacción que en lugar de depender para ello de los deseos, las emociones y placeres, dependa fundamentalmente del desarrollo de nuestra vida interior y de la libertad absoluta, la que no está condicionada por ningún bien exterior. De esta manera logramos diferenciarnos del gran rebaño, y tratamos de tener el profesionalismo suficiente en materia de desempeño espiritual y de expansión de la conciencia, para acceder a la Unión Divina.

En la monografía anterior que se refiere a la dependencia psicológica con los deseos y las emociones, comentamos en detalle el tema del perfecto orden divino que por definición, los seres humanos llevamos impreso en nuestras mentes y en forma intuitiva también. Dicho orden está expresado a través de la ley eterna expuesta por San Agustín de Hipona en su obra El Libre Albedrío. En forma lacónica y elocuente, podemos decir que dicha ley nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. En este sentido, los disidentes del gran rebaño nos tomamos muy en serio el cumplimiento de dicha ley eterna y en verdad que nos desvelamos por llevar un estilo de vida que sea lo más consecuente posible con dicho orden divino. Evidentemente, semejante forma de vivir constituye una muestra significativa de nuestro profesionalismo en materia de desempeño espiritual.

Para el gran rebaño, el sentido del vocablo “éxito” tiene una connotación de conquistas materiales y personales. Es así que famosos personajes de la política, del deporte, del cine y la televisión, de los negocios, de las ciencias, son considerados mediática y socialmente muy exitosos, y normalmente su éxito va acompañado de una buena cantidad de dinero. En el imaginario social de la domesticación cultural, aquella persona de origen humilde que se sobrepuso a sus limitaciones económicas y obtuvo su profesión universitaria, y se destacó en su ámbito profesional, y logró cierto grado de ostentación material y personal, es una persona que “triunfó en su vida”; es una persona “exitosa” y modelo a seguir. Pero para los disidentes del gran rebaño, el éxito por el que luchamos con tanta pasión y por medio de una planificación estratégica, no pertenece a este mundo agitado, superficial y dominado por la superación material-personal, por la ilusión y por la ignorancia, sino que dicho éxito pertenece al mundo del Yo Superior, del Yo Espiritual, de la libertad absoluta!

Finalmente, las herramientas o recursos de nuestro portafolio o acervo espiritual son los siguientes:

-La filosofía práctica, principalmente la ética normativa y el espiritualismo ético. Un libro representativo es “El Libre Albedrío” de San Agustín de Hipona.
-La filosofía especulativa, concretamente la metafísica y la ontología. Una obra representativa es “El Ente y la Esencia” de Santo Tomás de Aquino.
-La filosofía antigua o clásica, principalmente las posturas éticas del ascetismo, el estoicismo, la apatía y la ataraxia.
-La ética universal atemporal, especialmente en lo que se refiere a los valores y las virtudes perennes.
-La sabiduría antigua y el esoterismo clásico, serio.
-La fe trascendental, que yo defino como la fe al servicio de la triada superior (Manas o inteligencia inegoísta al servicio de los demás; Budhi o vehículo intuicional que nos conduce al misticismo y el Atma o voluntad clarificada y espiritual) o al servicio del yo superior, en oposición a la fe ordinaria y mezquina, que se encuentra al servicio del cuaternario inferior o personalidad egoísta, al servicio de los deseos y emociones del yo inferior.
-La escatología esotérica.

domingo, 14 de octubre de 2012

Espiritualismo Ético y la dependencia psicológica con los deseos y las emociones


Usted, yo, el, ella y todos los seres  humanos somos por naturaleza,  adictos a los deseos y a las emociones. Cuanto más intensos sean éstos, mayor será nuestro grado de excitación y por lo tanto, de placer y de satisfacción de nuestro yo inferior. Si alguien nos preguntara cual consideramos que es el sentido de la vida, trataríamos de darle una respuesta basada en consideraciones filosóficas o religiosas, pero en el fondo, si nos quitaran la posibilidad de tener deseos y emociones, nos sentiríamos perdidos, con una vida totalmente vacía y sin ninguna razón de ser. Por lo tanto, el sentido de la vida –desde un punto de vista práctico e inmediato o lo que es lo mismo, desde el punto de vista del yo inferior- para el hombre en general, está determinado por los deseos que sea capaz de satisfacer aunque sea a medias y por las emociones que pueda experimentar.  De lo anterior se desprende que el sentido de la vida para todos los mortales (con sus pocas excepciones por supuesto), está condicionado por lo que podamos llegar a TENER  (bienes materiales y personales) y no por lo que podamos llegar a SER (expansión de la conciencia espiritual de nuestro yo superior, cultivo de la vida interior y liberación de apegos con todos los tipos de bienes exteriores ya sean materiales o personales). En el primer caso, tenemos nada menos que la causa de la mediocridad y la mezquindad que históricamente ha caracterizado a la humanidad, y en el segundo caso, tenemos descrito en forma elocuente el desafío que tendría que superar el hombre, para pasar de un mundo muy defectuoso como el actual a uno virtuoso. Para ponerlo en un contraste muy nítido, la cultura hedonista, consumista y presuntuosa, es la que le da la razón de ser a la vida de las personas que se comportan como los pequeños engranajes de la gigantesca máquina que le da impulso a dicha cultura, cuando lo correcto sería que la cultura ascética-ética-espiritual sea la que brinde dicha razón de ser.

San Agustín de Hipona en su obra El Libre Albedrío, en el capítulo VI titulado “La Ley Eterna es moderadora de las leyes humanas”, le explica a su discípulo Evodio que todos llevamos impresa la ley eterna (o sea, que la noción de dicha ley es algo intrínseco a nuestra naturaleza humana) y que ésta “es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas estén perfectísimamente ordenadas” (un maravilloso y perfecto ORDEN DIVINO).  Lo cual significa que debemos amar todas las cosas del mundo ordenadamente, conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Dado que los deseos y las emociones se asocian en su inmensa mayoría con los apegos materiales y personales (que son efímeros, transitorios, que nos brindan placer y comodidad), podemos afirmar sin temor a exagerar, que bajo el imperio de la ley eterna, la adicción psicológica a los deseos y las emociones es absolutamente antiética e inmoral porque nos impide cumplir con el ORDEN DIVINO de la Ley Eterna y nos resta toda posibilidad de alcanzar el máximo objetivo que es la Unión Divina. La dependencia con los deseos y las emociones para sentirnos entusiasmados y hasta para encontrar en gran medida el sentido de nuestras vidas, nos convierten en cavernícolas o retrógrados espirituales, en auténticos hombres y mujeres primitivos y salvajes porque de acuerdo con el criterio de orden divino de la Ley Eterna, deberíamos depender principalmente de los bienes espirituales y eternos así como de un proyecto de vida comprometido con las virtudes para sentirnos quizás no tanto llenos de entusiasmo y de motivación -que son emociones por lo general condicionadas por los bienes exteriores- sino de un gran bienestar interior anclado en el santuario de nuestra vida interior y que le brinda a nuestras vidas, una auténtica y sólida razón de ser. Pero la triste realidad es que los deseos y las emociones prácticamente omnipresentes en nuestras mentes, nos meten en un estilo de vida totalmente desordenado en relación con dicha ley.

Hay personas que debido a su fama (estrellas del deporte, del cine, del arte, de la música, de los negocios, etc.) han creado una híper dependencia con deseos y emociones de gran calibre, y  aunque externamente luzcan muy seguros y felices, como verdaderos triunfadores, en realidad y al amparo de la Ley Eterna, son verdaderos cavernícolas espirituales en relación con el orden divino de dicha ley. Son personas cuyas vidas se caracterizan por ser superficiales, agitadas y dominadas por la superación material-personal. Si los despojamos de la comodidad y del placer que pueden obtener en grandes cantidades y de sus apegos con bienes que son extremadamente efímeros (en relación con los bienes eternos), se desinflan como globos de aire cuando son pinchados, y no queda nada de ellos, más que un trozo de goma sin forma, sin temple y sin resistencia. Estos personajes son tan superficiales como los mismos deseos y emociones que los alientan en su efímera grandeza. Pero la inmensa mayoría de habitantes del planeta, que no somos famosos ni ricos, también somos unos grandes dependientes de los deseos y las emociones y por consiguiente cavernícolas o retrógrados espirituales, pero a diferencia de los famosos, vivimos en un ambiente más propicio para tener la oportunidad o necesidad de reflexionar acerca de qué es lo más trascendental de la existencia humana, sobre su verdadero sentido, su razón de ser, su propósito, su dimensión divina, sus elementos accesoriales como lo son los bienes exteriores que son efímeros y transitorios, contrario a nuestro espíritu, etc., de tal manera que podamos estudiar y conocer sobre diferentes materias fundamentales tales como el esoterismo, filosofía práctica, ética, meditación, religiones, escatología, y podamos generar en nosotros mismos una revolución de tipo ética-espiritual e iniciar la expansión de nuestra conciencia con todos esos conocimientos, experiencias y reflexiones.

Dicha expansión debería permitirnos iniciar la lucha para romper con esa vergonzosa dependencia psicológica con los deseos, las emociones y con los placeres que nos brindan los bienes exteriores. Dependencia que nos hace ser cavernícolas o retrógrados espirituales, condición que debe causarnos pena y a la vez el entusiasmo para superarla y transformarnos en líderes de nuestra propia revolución espiritual.

viernes, 8 de junio de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO, EL DHARMA Y LA ESCATOLOGÍA ESOTÉRICA


¿Cuál es mi Dharma o Propósito de la Vida? Utilizando conceptos básicos de la teoría de las organizaciones para explicar su esencia, dicho Dharma se compone de dos elementos primordiales: Una Misión, que consiste en la trascendencia de mi personalidad egoísta o de mi cuaternario inferior (así es como le llaman los esoteristas a la personalidad humana, la parte externa, cambiante, transitoria, que nace y muere), para así concretizar la Visión, la cual consiste en la unión con el Ser Supremo a través de mi Triada Superior (conformada por la mente superior inegoísta, el cuerpo intuicional y la Voluntad Pura) en un estadio existencial de plenitud.

Para hacer realidad mi Dharma, requiero de una Planificación Estratégica de carácter espiritual. Los principios filosóficos y de sabiduría antigua que sustentarán dicha planificación y que guiarán todos mis esfuerzos y acciones en procura del objetivo supremo -la Unión Divina- son los siguientes:

En primer lugar, como fundamento primordial, la ÉTICA UNIVERSAL ATEMPORAL PERENNE y sus valores, tal y como los enumera la Red de Ética Universal en su sitio web www.eticauniversal.net. Dichos valores son:­­­ Amor a la verdad y al conocimiento; la honestidad y la integridad personal; bondad y amor: la sensibilidad hacia la belleza; el respeto por el medio ambiente y la vida en general; sentido de la vida y transcendencia espiritual; sentido de la justicia asentado en un gran humanismo; responsabilidad y sentido del deber; fraternidad universal; tolerancia activa; compromiso social. 
La ética universal atemporal es el cuerpo mayor y principal alrededor del cual giran los demás cuerpos o elementos que interactúan con el mismo en forma similar  a un sistema planetario. Dichos elementos son los siguientes:
-Las diferentes corrientes de la ética derivadas de la filosofía antigua de Grecia: Ascetismo, Estoicismo, Ataraxia, Apatía, etc.
-La filosofía medieval: El libre albedrío de San Agustín (Ley Eterna).  El ente y la esencia de Santo Tomás de Aquino (Metafísica y ontología).
-Metafísica y ontología: La espiritualidad del alma humana.
-El Esoterismo u ocultismo, principalmente en lo relativo a la psicología esotérica, la iniciación, el cuaternario y la Triada Superior. Obras clásicas como “A los pies del maestro” y “La voz del silencio”.
-Escatología Cristiana: El juicio final particular, individual. La coherencia de Dios con los principios de la ética universal en dicho juicio.
-La Fe Trascendental es la fe al servicio del Yo Superior, es decir, al servicio de la mente inegoísta, del cuerpo intuicional y la Voluntad Espiritual. La fe primitiva u ordinaria, de escaso valor, es la fe que está al servicio del yo inferior (el cuerpo emocional y la mente egoísta, calculadora y deseosa).

Con base en la anterior descripción de mi Dharma, así como de los fundamentos filosóficos y de sabiduría antigua que sustentan la planificación estratégica que tengo que cumplir  para concretizar dicho propósito de mi vida,  entonces puedo establecer los siguientes principios en relación con mi VIDA INTERIOR:
*El éxito por el que yo lucho no pertenece a este mundo.
*Los principales objetivos y metas de mi plan de vida tampoco pertenecen a este mundo.
*El principal bienestar que yo obtengo en mi vida no proviene de este mundo.
*Los desafíos que llenan mi vida de pasión no pertenecen a este mundo.
*Mis principales bienes no son de este mundo.
*El reconocimiento por el que yo lucho tampoco pertenece a este mundo.

Uno de los principios de mi vida es “vivir en este mundo pero fuera de él”, con base en un paradigma de estilo de vida ascético, estoico, ataráxico y apático. En términos generales,  trato de vivir apartado del mundo sensorial, cómodo y placentero. “Vivir sin motivos ni deseos, sin emociones, desapasionado por lo mundano, sin el interés propio”. Nos encontramos dentro de un mundo orientado al trabajo remunerado, al consumo, al desarrollo material y pragmático, por eso es tan importante vivir en dicho mundo pero a la vez fuera de él, “para no ser meros títeres de nuestros impulsos”.

En este contexto de una planificación estratégica para alcanzar mi Dharma, la muerte se presenta en mi vida como un maravilloso desafío que tengo que superar para acceder al éxito por el que tanto estoy luchando y que obviamente no pertenece a este mundo: El estadio existencial de plenitud y la Unión Divina. Una vez en dicho plano o estadio, tendré que enfrentar nuevos desafíos para que mi acercamiento con la Unión Divina sea cada vez más perfecto!

martes, 15 de mayo de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y SU PARADIGMA DE ESTILO DE VIDA


Una norma fundamental del espiritualismo ético, es que toda aquella persona que está convencida de que los valores éticos universales constituyen la guía suprema para la conducta acertada del ser humano y para el logro del máximo objetivo -la Unión Divina- entonces tal convicción debe reflejarla en hechos concretos que demuestren fehacientemente su coherencia entre lo que piensa y lo que hace. Y dichos hechos concretos se llaman virtudes. De la misma manera, el hombre y la mujer espiritualistas éticos deben llevar un estilo de vida que demuestre esa misma coherencia. Y para que puedan determinar qué tanto están siendo consecuentes entre pensamientos y hechos, requieren de una herramienta que les permita medir  su desempeño, como por ejemplo un paradigma de estilo de vida, y para nuestro caso particular, ese estilo de vida arquetípico es aquel basado  en cuatro expresiones muy significativas de la ética griega: el ascetismo, el estoicismo, la ataraxia y la apatía.

Voy a presentar en forma breve la síntesis de cada una de estas propuestas éticas para tratar de demostrar el valor incalculable que tienen en nuestro estilo de vida arquetípico, aquel que le da sustento al estilo de vida del espiritualismo ético. Empezaré con el ascetismo o ascética:

Ascetismo, Ascética
      Propuesta moral de renuncia a los placeres y apetitos corporales con el fin de purificar o elevar el alma del mundo corporal o sensible al mundo espiritual. Encontramos esta propuesta en la religión órfica, el pitagorismo, Platón y en gran medida en el cristianismo. 
       Aunque en el mundo griego antiguo estos términos se utilizaban para designar los ejercicios físicos preparatorios del gimnasta anterior a una competición deportiva, pronto se les dio una significación moral e incluso religiosa. Platón, siguiendo la propuesta pitagórica y órfica, defiende la ascesis entendida como la liberación del alma de todas las urgencias y pasiones corporales para así elevarse hasta la auténtica realidad o mundo de las Ideas. Desde un punto de vista más limitado a la esfera moral, los estoicos la entendieron como la abstinencia de las reclamaciones corporales, abstinencia necesaria para el autodomino y la felicidad. Con el cristianismo, sin embargo, la ascesis tiene ya una dimensión más claramente trascendente: es la práctica que culmina en la unión mística con Dios, para lo que se recomienda la vida virtuosa, la oración, la meditación y, en muchos casos, la mortificación física.
      El ascetismo considera que el hombre está escindido en dos partes distintas, opuestas, y que mantienen una relación hostil: el cuerpo y el alma. Considera el alma como lo más propio del hombre, dado su origen y destino sobrenatural. El cuerpo, sus pasiones, necesidades y deseos perturban y ensucian el alma, por lo que el alma precisa de una purificación. Generalmente el ascetismo propone una vida de rigor moral que busca controlar dichos deseos y pasiones (renuncia a la práctica sexual, moderación en la comida, dietas y prohibiciones varias en la alimentación, renuncia a la ostentación de la belleza corporal...). La vida en el mundo del espíritu se puede completar también con la práctica religiosa y el desarrollo del conocimiento. Este último punto lo encontramos por ejemplo en Platón, para el cual la práctica de la filosofía es una forma de ascesis, de separación del alma del cuerpo.


Estoicismo
      Escuela filosófica fundada por Zenón de Citio hacia el año 300 a. C. Defienden un panteísmo providencialista (mundo físico animado y divino y encaminado a lo bello y perfecto). Identifican el bien con la virtud y la vida feliz con la vida virtuosa y de eliminación de las pasiones (apatía). Se sienten ciudadanos del mundo (cosmopolitismo).
      Consideraron que el objetivo de la conducta humana es la felicidad, estado que se alcanza con la fidelidad a la naturaleza y a la razón. Su propuesta ética gira alrededor de la virtud: desarrollaron una teoría de la virtud y de los deberes con un cierto carácter intelectualista próxima a Aristóteles. Anticipando el punto de vista kantiano valoraron la virtud por sí misma, y, a diferencia de Kant, creyeron que es suficiente para conseguir la felicidad, pues la virtud es un bien por sí misma y su realización trae consigo la felicidad. En relación con los afectos o pasiones los consideraron como un movimiento irracional del alma y distinguieron en ellas los apetitos o deseos, el placer y los sentimientos. En general proponen eliminar todas las pasiones (apatía) aunque las pasiones elevadas no fueron tan rechazadas. Concibieron al sabio como el filósofo que gracias al ejercicio de su razón consigue la autonomía, libertad de afectos y pasiones y de males externos, y que acepta los avatares de la vida por formar parte de los designios de dios. Defienden el suicidio cuando las circunstancias lo exigen: el interés de la patria, enfermedades incurables. Se sienten hermanos de todos los seres humanos, ciudadanos del mundo.


Ataraxia
      Disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, y a la fortaleza del alma frente a la adversidad. Tranquilidad espiritual, paz interior.
      Esta disposición del espíritu es muy parecida a la apatía propuesta por los estoicos e incluso muchos autores no creen necesario distinguirla. Sin embargo se pueden señalar algunas diferencias. Así, la apatía es más típicamente estoica y la ataraxia se encuentra con más frecuencia en las propuestas de los filósofos epicúreos y escépticos. La ataraxia, como la apatía, es el estado anímico que nos permite alcanzar la felicidad. Se consigue mediante la disciplina del apetito para que éste nos presente sólo deseos moderados, y tras aprender a aceptar los males y a renunciar a los deseos cuando sean imposibles de cumplir. El matiz más importante que separa la ataraxia de la apatía es que la apatía promueve la felicidad como consecuencia de la eliminación de las pasiones y deseos; por el contrario, la ataraxia lo hace mediante la creación de la fortaleza espiritual, fortaleza frente al dolor corporal y las circunstancias adversas. Aunque en el fondo los dos estados anímicos llevan a las mismas consecuencias: indiferencia o imperturbabilidad ante todo. Epicuro compara el estado espiritual de la ataraxia con el total reposo del mar cuando ningún viento mueve su superficie.
      Finalmente, tanto un estado como el otro otorgan al sabio la libertad: libertad frente a las pasiones, afectos y apetitos, libertad ante la coacción de otras personas, libertad ante las cosas y circunstancias que se oponen a nuestros proyectos.


Apatía
       Estado del espíritu propuesto por los estoicos consistente en la indiferencia emocional ante los avatares de nuestra existencia. Ausencia de pasiones.
       Etimológicamente esta palabra designa la ausencia de pasiones (páthos = pasión). Los filósofos estoicos consideraron que la felicidad sólo podía alcanzarse cuando se consigue una disposición de ánimo gracias a la cual el sujeto es indiferente emocionalmente ante los sucesos o acontecimientos que le tocan vivir. Marco Aurelio expresa gráficamente este punto de vista en sus “Meditaciones”: “Has de ser como una roca en la que se estrellan todas la olas. Ella está firme y el oleaje se amansa en su derredor”; “El primero precepto: no te dejes impresionar por nada”. Cuando los distintos avatares de nuestra vida no despiertan en nosotros pasión o emoción alguna, alcanzamos la tranquilidad espiritual y conseguimos la máxima felicidad que nos cabe esperar. Un eco de esta frialdad de carácter e indiferencia ante las circunstancias adversas lo encontramos en frases del tipo “soportar con estoicismo el sufrimiento”, “tomarse las cosas con filosofía”.


Espero que la breve exégesis de las cuatro anteriores propuestas éticas o morales, en realidad le permita comprender al lector la dimensión tan grandiosa y elocuente que tienen en los fundamentos éticos y espirituales de toda persona que pretenda desarrollar con éxito un camino de desenvolvimiento espiritual que lo lleve finalmente a la Unión Divina, y por supuesto, del por qué deben formar parte de los pilares del estilo de vida arquetípico del espiritualista ético. En resumen, el ascetismo es una propuesta moral de renuncia a los placeres y apetitos corporales con el fin de purificar o elevar el alma del mundo corporal o sensible al mundo espiritual. Desde un punto de vista más limitado a la esfera moral, los estoicos la entendieron como la abstinencia de las reclamaciones corporales, abstinencia necesaria para el autodomino y la felicidad. El estoicismo es considerado toda una escuela filosófica, sus seguidores identifican el bien con la virtud y la vida feliz con la vida virtuosa y de eliminación de las pasiones (apatía). La ataraxia es una disposición del ánimo propuesta por los mismos estoicos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, y a la fortaleza del alma frente a la adversidad. La apatía es un estado del espíritu también propuesto por los estoicos consistente en la indiferencia emocional ante los avatares de la vida. Significa ausencia de pasiones (pathos=pasión). Para alcanzar la felicidad, debemos ser capaces de sentir indiferencia ante los acontecimientos y ante la pasión que nos genera la superación de tipo material-personal.

En conclusión, dada la importancia de la coherencia entre pensamientos y hechos (es decir, entre valores éticos universales y virtudes) para el practicante del espiritualismo ético, el mismo debe contar con un estilo de vida arquetípico que le permita comprobar dicha coherencia, y dicho paradigma es el modelo de vida ascético, estoico, ataráxico y apático. En términos muy simples, a pesar de desenvolvernos dentro del modelo de una sociedad orientada al trabajo remunerado, al consumo, al desarrollo material y pragmático, debemos ser capaces de encontrar nuestra felicidad y razón de ser dentro de nuestra Vida Interior (V.I.), en donde no requerimos de motivos, ni de condicionamientos con los bienes exteriores, ni del interés propio. Desde donde somos potenciados para ser indiferentes ante los avatares de la vida y ante los bienes materiales y personales. Desde donde somos potenciados para desapasionarnos de todos los condicionamientos externos, desde donde somos potenciados para despreciar nuestro yo inferior y sus apegos con los placeres y los deseos no virtuosos. Desde donde somos potenciados para cumplir a cabalidad con la Ley Eterna de San Agustín de Hipona.

El espiritualismo ético, en su máxima expresión de desarrollo y perfeccionamiento, nos exige ser capaces de vivir en este mundo pero fuera de él, para no ser meros títeres de nuestros impulsos.

martes, 24 de abril de 2012

ESPIRITUALISMO ÉTICO Y VIVIR SIN MOTIVOS


Un principio fundamental de la Ontología, es que las operaciones superiores del entendimiento y de la voluntad le otorgan al alma su carácter espiritual, es decir, somos seres eminentemente espirituales. La voluntad nos potencia para elegir entre una vida espiritualmente mediocre, o una vida comprometida a cabalidad con la Ley Eterna (ver El libre albedrío de Agustín de Hipona), la cual  nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y así no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. En cuanto a la otra gran y admirable facultad u operación, cito lo siguiente: “Sabemos, por propia experiencia, que el entendimiento conoce objetos que pertenecen a un orden superior, tales como los conceptos de causa, verdad, justicia, virtud, belleza, armonía, relación, etc.; que discurre acerca de la naturaleza de los seres absolutamente espirituales; que se eleva hasta descubrir la necesidad de la existencia de un ser eterno, absoluto y perfectísimo, y que cuando así obra, no sólo el cuerpo es ineficaz e innecesario, sino que es preciso que el espíritu se abstraiga de la acción y de la influencia de las cosas sensibles; luego la facultad productora de tales actos es espiritual, como también le es el alma de quien depende.” http://www.e-torredebabel.com/Psicologia/psicologia-elemental/psico-elem-espiritualidad-alma.htm

En el mundo de la lucha por el poder político, militar, empresarial y financiero, que pertenece al  ámbito del éxito exterior, es decir, el éxito material y personal, el conocimiento y la información veraz y oportuna son las herramientas fundamentales e imprescindibles para los líderes y tomadores de decisiones. Todo esto tiene su contrapartida en el mundo de la Vida Interior de todo ser humano, que es el mundo del éxito ético y espiritual, éxito que NO pertenece al mundo  de la vanidad, los placeres y los deseos: El conocimiento fundamental para alcanzar el éxito en el mundo del Yo Superior, (que es el éxito más importante de todos en términos absolutos), es el de la vida sin motivos externos, la felicidad pura sin condicionamientos, la libertad absoluta, aquella que no depende de los apegos con los bienes exteriores, que también podemos llamar apegos materiales y personales, y que enumero a continuación:

1. Apegos con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres en general.
2. Apegos con los placeres y deseos no virtuosos.
3. Apegos con los bienes materiales y personales en general.
4. Apegos con la vanidad.
5. Apegos con los problemas y las preocupaciones.

Este conocimiento fundamental de la vida sin motivos, implica también que el ser humano debe ser capaz de obtener su principal fuente de bienestar y satisfacción en su Vida Interior y no en su Vida Exterior. La razón que le da sentido a su vida debe surgir de su Bienestar Interior, y no de sus apegos. Ergo: una vida agitada y superficial, dominada por la superación material-personal, dependiente de los placeres y los deseos exteriores para tener sentido, es una vida arcaica, viciosa, débil, autodestructiva y mezquina.

Para acceder a nuestra Vida Interior (V.I.), tenemos que hacer meditación. Una vez alojados en dicho santuario, empezamos a separarnos del mundo exterior, empezamos a romper los apegos con todos los tipos de bienes materiales y personales, empezamos a experimentar un enorme bienestar que no depende de ningún tipo de elemento externo, y por lo tanto que no está sujeto a ningún tipo de condicionamiento. Teniendo la incondicionalidad como aliada, de pronto no requerimos de motivos para sentirnos bien, podemos prescindir de las causas y efectos que le dan sentido al mundo exterior y del interés propio. Finalmente alcanzamos la Libertad Absoluta, aquella que no depende de nada, que se basta a mí misma, que no está condicionada por nadie ni por nada. En ese estado de riqueza espiritual (ataraxia),  somos capaces de sentir una presencia muy cercana y auténtica del Poder Superior, podemos sentir su solidaridad y que tenemos los méritos para formar parte aunque sea infinitesimalmente de su Mentalismo Divino. Y al alcanzar un nivel de misticismo tan grande, podemos declarar y decretar que Dios nos está hablando e instruyendo acerca de lo que tenemos que hacer para trascender nuestra personalidad y alcanzar la unión con ÉL.

El desarrollo de nuestra V. I. requiere que  diariamente hagamos un “viaje místico” hacia donde se encuentra ella, para experimentar el gozo de la Libertad Absoluta, que significa la dicha de sentirnos plenos y llenos de bienestar sin depender para nada de nuestros apegos con los bienes exteriores. En ese punto, podremos percibir la mágica presencia del Poder Superior.

En la medida que una persona vaya incrementando el desarrollo de su V.I., de la misma forma debe reflejarlo en un estilo de vida exterior paradigmático, caracterizado por la modestia, la discreción, la austeridad, la sencillez, la humildad, la bondad, el sacrificio, y la autolimitación  en cuanto a placeres  y deseos no virtuosos. Evidentemente se trata de un estilo de vida muy particular, poco o nada llamativo desde el punto de vista de los valores de la ideología económica de la sociedad de consumo, ya que el éxito por el que lucha no pertenece a este mundo. El paradigma del estilo de vida del practicante del Espiritualismo Ético, además está sustentado en los principios éticos del Ascetismo, de la Ataraxia, de la Apatía y del Estoicismo, todas corrientes de la filosofía antigua clásica griega. La implicación más importante de esta influencia de la ética griega (y en consecuencia de la ética universal y atemporal) en dicho paradigma, es que la persona practicante debe ser capaz hasta cierto punto, de despreciar e ignorar los apegos con los bienes materiales y personales.

Tenemos que tener  la osadía de apostarlo todo al presupuesto de que  nuestra Vida Interior es un templo de vasta extensión en el que encontraremos todo lo que necesitamos para alcanzar la autorrealización integral y la plena satisfacción de nuestra naturaleza espiritual. En mi caso particular,  he sometido dicho presupuesto a prueba y doy fe del avance tan significativo que he logrado en mi lucha por alcanzar el supremo objetivo del ser humano: LA UNIÓN DIVINA. Presupuesto que además tiene un respaldo bibliográfico casi que infinito, empezando por los grandiosos textos de la Sabiduría Antigua.

En la próxima entrega, me dedicaré a explicar brevemente las principales características de la ética estoica, ascética, ataráxica y apática, y del por qué tienen que estar presentes en el paradigma del estilo de vida del espiritualista ético.