Retomemos una de las frases célebres, la de
Confucio: El hombre sabio piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa
en su comodidad.
Cuando hablamos de virtud, nos referimos a la Voluntad Espiritual que se impone sobre la voluntad personal egoísta. El desafío del hombre: escoger entre virtud y comodidad. No podemos servirle a dos amos a la vez. O nos entregamos al régimen de enriquecimiento espiritual, o nos esclavizamos con el régimen de enriquecimiento material y le dedicamos la mayor parte de nuestra vida, desarrollamos enormes apegos con las cosas materiales y empobrecemos nuestra alma, y al llegar la muerte, el Poder Superior nos puede decir: Tienes demasidos apegos, aún no tienes méritos para ascender a un estadio existencial superior.
Cuando hablamos de virtud, nos referimos a la Voluntad Espiritual que se impone sobre la voluntad personal egoísta. El desafío del hombre: escoger entre virtud y comodidad. No podemos servirle a dos amos a la vez. O nos entregamos al régimen de enriquecimiento espiritual, o nos esclavizamos con el régimen de enriquecimiento material y le dedicamos la mayor parte de nuestra vida, desarrollamos enormes apegos con las cosas materiales y empobrecemos nuestra alma, y al llegar la muerte, el Poder Superior nos puede decir: Tienes demasidos apegos, aún no tienes méritos para ascender a un estadio existencial superior.
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