El
total de defunciones por año en el mundo entero es de aproximadamente 370
millones de personas (incluyendo todas las causas de muerte). Tenemos entonces
370 millones de almas -que si creemos en un Poder Superior y en una vida
posterior a la muerte- deberían tener un destino o un propósito divino. En ese
gran grupo de muertos, hay personas de todas las religiones y sectas
existentes, ateos, personas de fe independiente, personas de las diferentes
escuelas esotéricas, personas indiferentes ante el tema, las que simplemente no
tienen tiempo para su dimensión espiritual, etc. En términos muy simples y
cándidos, uno pensaría que la tarea que tiene Dios año tras año, de escoger
cuales almas tienen el mérito para acceder a la Unión Divina, es muy compleja y
enmarañada, dada tanta diversidad de creencias, dogmas e ideas. ¿Podríamos
nosotros, desde nuestra humilde, mortal y limitadísima condición humana,
conocer los criterios que utilizaría Dios para seleccionar entre esos 370
millones de muertos por año, aquellas almas que tienen el mérito para acceder a
la Unión Divina o por lo menos a un nivel de mayor cercanía con ésta? Por
supuesto que sí: Aquellos que pertenecen a la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad son las almas que pueden aspirar a alcanzar la
Unión Divina, ese es el CRITERIO. No se trata por supuesto de una iglesia como
tal, sino que es una manera de incluir en un grupo virtual, a todas aquellas
personas que gracias a su conocimiento de la sabiduría antigua y de la doctrina
esotérica, han logrado hacer del Principio de la Incondicionalidad su estilo de
vida, es decir, han logrado superar la etapa primitiva de depender de los
motivos, los deseos y las emociones para encontrarle sentido a la vida, y han
sido capaces de experimentar con frecuencia un gran bienestar derivado de sus
ideas, principios y objetivos
espirituales (es decir, han alcanzado la Auto Trascendencia). Los miembros de
esta iglesia, también son fieles cumplidores del Principio del Perfecto Orden
Divino, cuyo autor es San Agustín de Hipona, el gran filósofo medieval. Dicho
principio, derivado de las disciplinas filosóficas de la metafísica y la
ontología, dispone amar ordenadamente las cosas conforme su grado de
perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo
efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso, es decir, se
trata de un principio totalmente consecuente con el Principio de la
Incondicionalidad y con la Auto
Trascendencia. Los miembros de esta iglesia iconoclasta, también llevan un estilo de vida basado en corrientes de la
filosofía clásica como por ejemplo, el ascetismo, el estoicismo, la apatía y la
ataraxia, que en esencia, propugnan por una vida libre de apegos con los bienes
exteriores, de austeridad, de servicio. No puede faltar en el arsenal de los
incondicionalistas, el sustento de la ética universal atemporal. Y existen
todavía más instrumentos que conforman el marco filosófico-espiritual de los
incondicionalistas, que mencionaré en la próxima publicación. Todos ellos, a
fin de cuentas, lo que hacen es expandir sus conciencias y pensamientos.
Tenemos
incertidumbre con respecto a nuestro destino escatológico. Primero, porque
podemos dudar si existe, aunque el espiritualismo metafísico enuncia que el entendimiento y la voluntad, al tener facultades inorgánicas,
son indiscutiblemente substancias espirituales y por tanto, eternas. Segundo, y esto es lo más importante, porque
no sabemos exactamente cuáles son los méritos para ascender a un estadio
existencial superior. En última instancia, acceder a la Unión Divina es una
misión individual, y cada persona verá si se atiene a los dogmas de su
respectiva religión, secta o iglesia, o si decide investigar y reflexionar
mucho más en cuanto a este tema capital. Nadie puede estar seguro de que
alcanzará la vida eterna. Bajo el supuesto de que existiera la posibilidad de
saber el resultado de la apuesta, ¿Existe alguna persona que apostaría su propia
vida a que tiene garantizado el acceso a la Unión Divina? Y al existir
incertidumbre, existe un riesgo, el riesgo de quedar fuera de un estadio
existencial de plenitud.
Entonces:
¿Existe vida después de la muerte? Es muy posible. Bajo la óptica del
espiritualismo metafísico no cabe duda.
¿Se
obtiene gratuitamente, con solo creer en una religión y practicar algunos de
sus preceptos? Difícilmente algo tan valioso puede ser obtenido con un desempeño
básico y mediocre.
¿Se
requiere de un trabajo espiritual sobresaliente, que supere las mismas
expectativas de Dios? Parece ser lo más lógico y razonable, desde el punto de
vista de la planificación, del emprendedurismo, de la ética universal, de la
pansofía y de la superación personal
ascética- espiritual.
¿Cómo
son los méritos para ese desempeño sobresaliente? Remitirse a lo dicho
anteriormente, sobre la Iglesia del Fundamento de la Incondionalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario